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Mensaje  martin_otero el Miér 09 Abr 2008, 11:11 pm

Abro el presente Tema para copiar los discursos del Jefe del Estado Mayor General de la Armada.

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Martin Otero

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Palabras del Jefe de Estado Mayor General de la Armada, Almirante Jorge Omar Godoy en la "Ceremonia de Condecoración a Veteranos de Guerra"

Mensaje  martin_otero el Miér 09 Abr 2008, 11:12 pm

Una vez más, la Plaza de Armas del Edificio Libertad es testigo del sentido homenaje que queremos rendir a todos aquellos que, en la memorable gesta del Atlántico Sur, protagonizaron acciones de mérito extraordinario y no dudaron en exponer su vida en salvaguarda de la soberanía y de la integridad territorial de la Nación, objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.
Ceremonias como estas ya se han llevado a cabo en diferentes lugares y ocasiones, que constituyeron emotivos marcos para la evocación de estos históricos sucesos. Justo es, pues, mantener vivo ese recuerdo y expresar nuestra gratitud a todos quienes en ellos participaron.
Aquellos valientes hombres, cuya brillante actuación ya forma parte del patrimonio de la Armada, serán una permanente fuente de inspiración; un ejemplo para quienes recogemos su compromiso.
En este día, el tributo es para el personal de oficiales, suboficiales y conscriptos que no fueron contemplados en aquellas oportunidades.
Argentinos, todos ellos, que portan con orgullo la condición de Veteranos de Guerra y que, haciendo honor al juramento de defender el pabellón nacional, demostraron su fidelidad a las más caras tradiciones navales y cumplieron con el mandato que nos otorga el pueblo del que formamos parte.
Vaya, así, en primer término, nuestro agradecimiento a quienes intervinieron en las heroicas acciones del 4 de mayo de 1982, a los entonces Comandante y Copiloto del Avión Explorador Neptune 2-P-112, el ex Teniente de Fragata VGM Juan Eduardo Alejandro GATTI y el ex Cabo Primero Aeronáutico VGM Horacio César FERNÁNDEZ.
Ellos ejecutaron audaces misiones de exploración, información y guiado a bordo de esta unidad aeronaval, en las más adversas condiciones meteorológicas y volando a muy baja altura, sobre un mar embravecido, para evitar ser detectados y abatidos.
Esas operaciones, grabadas para siempre en la historia de la guerra aeronaval, permitieron determinar la posición de la principal nave británica y dirigir nuestros aviones a ella, obteniendo como resultado el hundimiento de la más moderna unidad de superficie británica, el destructor HMS “Sheffield”.
Es, por ello, un honor para mí otorgarles la “CRUZ DE PLATA AL MÉRITO NAVAL”, en reconocimiento a su competencia, patriotismo y determinación a la hora de llevar a buen término la misión asignada.
Ustedes supieron enfrentar con éxito los mayores desafíos, empleando con gran eficiencia los medios a su alcance y sumando a ello su excelente adiestramiento y elevada solvencia. Así mostraron al mundo hasta qué punto el ingenio y la creatividad pueden asegurar resultados favorables mediante el máximo aprovechamiento de los recursos materiales disponibles.
Pero es necesario resaltar, a la vez, que acciones como estas, que a todos nos enorgullecen, no son producto de logros individuales. Por el contrario, han sido posibles merced al trabajo en equipo, a la solidaridad y al espíritu de cooperación y camaradería de todo el personal, que supo sortear los graves riesgos, obstáculos y limitaciones que la situación le imponían y, dando prueba del más alto grado de idoneidad y profesionalismo, pudo alcanzar un óptimo funcionamiento orgánico que demostró ser esencial para la consecución del fin perseguido.
Por estas razones, queremos honrar al personal militar retirado, de baja y ex conscriptos de la Armada, Veteranos de Guerra de Malvinas, quienes sin vacilar acudieron en esos días al llamado de la Patria y pelearon con hidalguía y entereza. A ellos les concedemos medallas recordatorias que atestiguan nuestro respeto y representan una merecida distinción a su impecable desempeño y decidida vocación de servicio.
Hazañas como estas les valieron a nuestros marinos la admiración del mundo, incluso de las fuerzas adversarias, y constituyen verdaderos hitos en el devenir de la Institución y de la República.
Ellas nos hacen dignos del legado que nos dejaron prohombres como el Almirante Guillermo Brown, que luchó con valor por la causa de la libertad y la independencia, enfrentando las más duras pruebas y sobreponiéndose a los peores infortunios.
Del Primer Almirante, en efecto, heredamos una Marina de Guerra cimentada en el tesón, el arrojo y la destreza de su gente. Una Marina cohesionada bajo el liderazgo de sus comandantes, preparada para responder a las exigencias que la hora le impone.
Figuras como la suya nos sirven de inspiración y nos alientan a perseverar en el rumbo trazado, consecuentes con el propósito de empeñar los mayores esfuerzos para mejorar la Institución o -más aún- conscientes de nuestro deber de brindar los aportes más eficaces para materializar los cambios que hoy se tornan necesarios.
Pero, de nuevo, todo ello conforma una obra que se construye entre todos: en ella, cada miembro de la Armada es un partícipe necesario que asume su correspondiente cuota de responsabilidad, que será tanto mayor cuanto más elevado sea el cargo o función que ocupe.
Por ello, recae sobre el conductor la tarea de generar en sus subordinados el compromiso con el éxito de la misión, para lo cual es esencial no solo transmitir adecuadamente las políticas institucionales y ejercer las consiguientes tareas de apoyo y supervisión, sino, además, suscitar en aquel la confianza indispensable para lograr estos objetivos.
La guerra -como he dicho en otras oportunidades- es una experiencia extrema de la condición humana. Quienes, por haber respondido al llamado de las armas, conocemos sus trágicas consecuencias, aprendemos a ser los primeros cultores de la paz y a desarrollar en nosotros una profunda convicción en la vigencia de los valores y principios que hacen posible la convivencia social en armonía.
Ustedes, los Veteranos de Guerra, han aprendido esta enseñanza en las más aciagas circunstancias y, por el mismo motivo, son hoy legítimos referentes en esta empresa de promover en conjunto, en un marco de paz y justicia, el bienestar general de la Nación y de todos los que habitan su suelo.

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Día de la Armada - 16/05/2008

Mensaje  martin_otero el Vie 16 Mayo 2008, 8:27 pm

Palabras del señor Jefe del Estado Mayor General de la Armada, Almirante Dn. Jorge Omar Godoy en la ceremonia con motivo del "Día de la Armada"
Río Santiago, 16 de mayo de 2008
En vísperas del “Día de la ARMADA”, he considerado oportuno dirigirme a todo el personal que la integra. Mujeres y hombres que, bajo distintas formas laborales y con diferentes funciones, constituyen su personal civil y militar, cualquiera que sea su categoría, situación de revista o grado.
Y estimé adecuado, asimismo, hacerlo desde esta Escuela Naval Militar, que, siendo un Instituto creado para brindar educación de excelencia en el área castrense, configura un escenario ideal para destacar la importancia que, en el pensamiento de la conducción naval, se otorga a la formación de su gente y a la consolidación de una cultura humanista y democrática.
Se trata, pues, de un mensaje encaminado esencialmente hacia quienes por un acto propio de voluntad han decidido incorporarse, de un modo u otro, a una de las Fuerzas Armadas del Estado Argentino. Es decir, hacia aquellos que han elegido en libertad forjar su destino, sirviendo a la Patria desde su Marina militar.
Ingresar a una de las Fuerzas Armadas implica, de hecho, pasar a formar parte de una institución de particular complejidad. Ellas son el instrumento militar de la defensa nacional y, en tanto tales, tienen por finalidad principal garantizar de manera permanente la soberanía e independencia del Estado argentino, su integridad territorial y capacidad de autodeterminación, así como la vida y la libertad de sus habitantes.
Se suman a estos fines actividades subsidiarias que comprenden, entre otras, la participación en operaciones de paz y de apoyo a la comunidad nacional o de países amigos, como también aquellas tendientes a la obtención de los necesarios niveles de interoperabilidad con estos últimos.
Tal magnitud de responsabilidades impone a las Fuerzas una organización sólida y disciplinada, que provea a la capacitación y al adiestramiento de sus miembros en un marco integrado y sistémico, para cumplir con eficacia y eficiencia las misiones encomendadas.
En el caso específico de nuestra ARMADA, la satisfacción de las tareas asignadas añade el desafío adicional de garantizar la presencia argentina en el mar, proteger sus recursos y contribuir a la seguridad de la navegación. Ello significa surcar sus aguas en unidades cuya operación exige conocimientos complementarios y condiciones de vida rigurosas, que muchas veces nos separan de nuestro medio social y familiar por períodos prolongados.
Son, por lo tanto, los destinatarios de mis palabras personas que optaron por una forma de vida, por objetivos y por modelos de conducta que querían para sí. Opciones que, seguramente, no fueron fáciles y que, además, una vez resueltas, requirieron atravesar más de un escollo y realizar no pocos esfuerzos.
Con ustedes, precisamente, deseo hoy compartir algunas reflexiones vinculadas con la fecha que conmemoramos. En ella rendimos homenaje al Almirante D. Guillermo BROWN, mediante la evocación de un combate naval que decidió la suerte de un país que se asomaba al mundo: el combate de Montevideo, librado el 17 de mayo de 1814.
Prueba de fuego superada con valor por la fuerza naval de una Argentina naciente, esa batalla marcó el punto culminante de un plan estratégico operacional concebido para lograr la rendición del principal baluarte español en estas tierras y, de este modo, allanar el camino para proclamar la Independencia.
Ese enfrentamiento decisivo trascendió por sus resultados y, a su vez, puso de manifiesto las virtudes de estratega de BROWN, quien demostró entonces -como habría de hacerlo en reiteradas ocasiones tiempo después- su capacidad para organizar, con mínimos recursos y denodado esfuerzo, una escuadra que supo llevar a la gloria el pabellón nacional.
Pero, al igual que en SAN MARTÍN, la figura de BROWN quedó asociada con características personales que lo llevaron a perpetuarse en el bronce por razones que exceden el valor extraordinario de sus proezas bélicas.
Él nos enseñó la supremacía del ingenio sobre la fuerza; el valor del arrojo y la fortaleza de espíritu frente a la cobardía y la vacilación. Su vida fue, en sí misma, un ejemplo de tesón y perseverancia: una larga sucesión de pruebas y obstáculos que, uno a uno, fue venciendo sin arredrarse ante la adversidad.
Para recordar solo algunos de los infortunios que le tocó vivir, Guillermo Brown fue apresado por un buque inglés a los diecinueve años. Luego, durante las guerras napoleónicas, cayó cautivo de los franceses y dos veces logró escapar de sus prisiones.
Soportó los temporales del cabo de Hornos, fue corsario en el Pacífico y, camino a Guayaquil, fue capturado por los españoles luego de haberse trabado en lucha con ellos. Navegando en aguas del Caribe, nuevamente fue tomado prisionero por los ingleses y, ya en las postrimerías de su carrera naval -tras su esperanzado retorno a Buenos Aires en plena campaña emancipadora- fue encarcelado por el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que lo mantuvo confinado hasta la finalización del juicio a que fue sometido.
En lo personal pasó tremendas privaciones, padeció graves enfermedades en cautiverio, cayó en la miseria, vivió lejos de su familia y sobrevivió a la muerte de tres de sus cinco hijos.
De esa manera, se convirtió en un símbolo de lo que se puede y debe hacer cuando es firme la convicción en los ideales que se persiguen. Su vida, en su conjunto, marcó códigos que otros marinos recogieron y repitieron. Desde aquellos que otrora defendieron e integraron el litoral marítimo patagónico, hasta, más recientemente, quienes combatieron con arrojo en nuestro sur, en Malvinas, dando testimonio de aquel carácter y construyendo, así, una tradición que honra a nuestros próceres.
Sin embargo, para edificar esa noble tradición no es menester reeditar hechos similares a aquellos que le tocó protagonizar a BROWN, sino -como se dijo- hacer resurgir el espíritu con que él supo afrontarlos. Cada mujer y cada hombre de esta ARMADA debe hacerlo suyo para que, en su propia circunstancia de tiempo y lugar, infunda energía a todo su accionar y lo oriente hacia el bien.
Tomemos conciencia de que la grandeza de BROWN reside en sus hazañas, pero también en aquellas de sus virtudes que posibilitaron que otros, que lo sucedieron, reafirmaran con su propia conducta esos valores y principios superiores que distinguieron al Primer Almirante y los transmitieran, dando lugar a una verdadera tradición naval.
La de una Marina conformada por hombres ansiosos de libertad y amor por su tierra, cohesionados bajo el mando y dispuestos a persistir con obstinación en el cumplimiento de sus misiones y la consecución de sus objetivos.
Hoy, la responsabilidad de tomar aquella posta que viene de la historia, mantenerla en su vitalidad y legarla a quienes nos continúen en la tarea, recae sobre todos y cada uno de nosotros.
Me refiero a un compromiso que ha de ser satisfecho siempre y, por lo tanto, en cada momento por el que nos sea dado transitar. Debemos actuar en nuestro presente, en el que nos toca vivir, sabiendo que es en él y solo en él donde podremos construir el futuro.
Un largo proceso de desinversión en el área de la Defensa nos ha llevado a una situación crítica en cuanto a la disponibilidad de recursos materiales, con su lógica secuela en los estándares de adiestramiento y la calidad de las retribuciones. Ello representa, por cierto, un desafío que juntos tenemos que superar.
Ese desinterés por la temática militar ha quedado hoy neutralizado mediante la implantación de un plan de gobierno para el sector que, paulatinamente, va revirtiendo el anterior estado de cosas. Tal voluntad política se viene explicitando mediante la instrumentación de muy variadas medidas, entre las que cabe mencionar las directivas sobre organización y funcionamiento, las reformas en materia de educación, las modificaciones al sistema de justicia militar, el establecimiento del Ciclo de Planeamiento de la Defensa Nacional y el reforzamiento de las asignaciones presupuestarias.
En tanto se va dando alcance a los objetivos fijados, resulta de la mayor importancia que la conducción, en todos los niveles, se ejerza con miras a garantizar el mejor y más vasto empleo de los medios con que se cuenta en la actualidad, su conservación y su operación segura.
De igual manera, se hace imprescindible agotar los esfuerzos por optimizar la capacitación de nuestra gente. Las oportunidades de instrucción y de ejercitación que ofrece la estructura naval deben ser aprovechadas al máximo. No cabe admitir que, en el marco de estas actividades, se descuide el valor que revisten el tiempo y la dedicación del personal, así como los recursos asignados a ellas.
Quienes lleven a cabo funciones de comando o dirección tienen la obligación de conocer de modo acabado las cuestiones atinentes al ámbito de su competencia y de abrir los canales de comunicación necesarios para el adecuado mantenimiento de las líneas informativas que han de existir entre todos los niveles institucionales.
Les compete, asimismo, desempeñar sus tareas bajo una clara concepción castrense, con el más riguroso apego a la legalidad y a la transparencia, evitando el dispendio administrativo y la burocracia inconducente.
Este presente nos exige, además, velar muy en particular por la cohesión que ha de primar inexorablemente en una organización militar que pretenda ser profesional, dinámica y efectiva. Esto requiere una disciplina basada en el ejemplo, el conocimiento y la dedicación; es decir, en el liderazgo.
Quienes mandan deben ser, ellos mismos, modelo de sus subordinados y, a la vez, celosos custodios del estricto cumplimiento de lo ordenado. Quienes obedecen, por su parte, habrán de ejecutar fielmente lo dispuesto, sabiendo que la eficacia de una orden no es materia de discusión. Solo la certeza de su ilegalidad constriñe a apartarse de su acatamiento y a seguir los caminos diseñados por la normativa jurídica para dar justa solución a la situación irregular.
La disciplina es la base de la organización castrense. Ella permite administrar el uso de la fuerza legítima y otorgar a las Instituciones Armadas la dignidad que el ejercicio de sus responsabilidades reclama. Por esta razón, siendo la disciplina fuente de la dignidad institucional, ella misma se edifica con la dignidad de los individuos a quienes alcanza, los que jamás pueden ni deben renunciar a ella.
Cada uno de los miembros de la ARMADA ARGENTINA -cada uno de aquellos a quienes, en consecuencia, dirijo estas palabras- debe asumir, en este presente, la importancia de su propio rol para contribuir a construir, inspirado en el espíritu browniano, el testimonio que es nuestra obligación transmitir a los que nos sucedan.
Debe tomar conciencia de que el respeto individual que sea capaz de despertar, por sus propias acciones dentro del ámbito naval y fuera de este, no es ajeno a la consideración colectiva de la Institución y al prestigio que se le reconozca.
Debe advertir que la confianza social se corresponde con la dignidad que se sepa ganar, sabiendo que ella se obtiene -por sobre todo- con el trabajo fecundo y con el aporte leal y esforzado para la más adecuada concreción de la misión que se nos ha encomendado.
El trabajo es una prerrogativa exclusiva del hombre; lo determina y conforma su naturaleza, otorgándole precisamente dignidad a quien lo realiza. Por ello, hoy, frente a los actuales desafíos, a quienes en libertad hemos decidido ser parte de esta ARMADA con el sincero deseo de que sea la mejor Marina posible para nuestra Argentina, se nos impone redoblar energías y persistir en el empeño.
Creo necesario, sin embargo, resaltar algunos aspectos de especial interés para quienes ejercen la responsabilidad de la conducción. Siendo el trabajo -como se ha dicho- una clave esencial de toda la cuestión social, reviste un valor y una significación que demandan la debida consideración a su respecto.
Me refiero, concretamente, a la necesidad de velar por las condiciones en que se lleva a cabo, la relevancia de los fines a que se aplica y el aprovechamiento del espacio temporal por el que se lo dispone.
Tampoco representa una cuestión menor, en este sentido, la condigna retribución que el trabajo merece. Tan sensible cuestión es materia actual de tratamiento en el marco político, su ámbito natural. Bregamos, dentro de los límites de nuestra competencia, por que se adopten, con la mayor celeridad factible, las decisiones que atiendan a las legítimas aspiraciones, tanto del personal civil como del militar.
En esta línea de pensamiento, estoy seguro de que si nos comprometemos en la eficaz y eficiente realización de nuestra tarea conforme a lo señalado, si mantenemos firme nuestra voluntad, podemos tener la certeza de que nuestro presente dará curso a un porvenir venturoso.
Cómo dudarlo, cuando contamos con recursos humanos de altísima calidad personal y profesional. Cuando nuestra pródiga geografía nos favorece con un extenso litoral oceánico que le confiere al país una dimensión esencialmente marítima. Cuando el Atlántico Sur constituye una inapreciable fuente de múltiples riquezas, que es nuestra misión proteger, tal como lo vislumbró un siglo atrás el Almirante Storni, pionero en la promoción de los intereses marítimos argentinos.
Los convoco, pues, a perseverar en la consecución de los objetivos fijados. A involucrarse, todos, en la tarea de continuar esta navegación hacia el futuro: cuando les corresponda dirigir, haciéndolo con responsabilidad y dando el ejemplo; cuando les toque ser dirigidos, ejecutando con fidelidad y lealtad lo ordenado. Siempre, con la dignidad y el orgullo de pertenecer a una Institución fundadora de la Patria, inspirada en el espíritu de BROWN y otros Grandes de la Nación
Que nuestro paso por la ARMADA sea testimonio de empeño y sacrificio en el afán de mantenerla por la ruta precisa y que, más allá de toda contingencia, podamos transmitirlo a las generaciones venideras, para mantener viva la tradición de una Marina nacida de su pueblo con el único propósito de servirlo.

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DISCURSO DEL JEFE DEL ESTADO MAYOR GENERAL DE LA ARMADA CON MOTIVO DE CONMEMORARSE EL 152º ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL ALMIRANTE D. GUILLERMO BROWN

Mensaje  martin_otero el Dom 08 Mar 2009, 7:42 pm

DISCURSO DEL JEFE DEL ESTADO MAYOR GENERAL DE LA ARMADA CON MOTIVO DE CONMEMORARSE EL 152º ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL ALMIRANTE D. GUILLERMO BROWN
3 DE MARZO DE 2009

Quienes tenemos el privilegio de integrar las filas de la Armada Argentina nos aprestamos a dar inicio a un nuevo año naval.
Lo hacemos en el centro operativo por excelencia de nuestra Fuerza, la Base Naval Puerto Belgrano, en oportunidad de la conmemoración del 152º aniversario del paso a la inmortalidad del Padre de la Patria en el Mar: el Almirante Dn Guillermo Brown.
Ello, a solo un día de haber recordado el bautismo de fuego de nuestra entonces incipiente Marina de Guerra, en el Combate de San Nicolás de los Arroyos. En aquel 02 de marzo de 1811 serían otros nombres, como los de Azopardo y Bouchard, los que comenzarían a inscribirse en las páginas de la historia grande de la República.
Historia, en definitiva, de un pueblo ávido por ser artífice de su destino que supo, una y otra vez, ofrendar sus mayores sacrificios en pos de sus ideales de justicia, libertad y soberanía.
Los veteranos de Malvinas que nos acompañan -a quienes, junto a los descendientes precisamente del Capitán Hipólito Bouchard, agradecemos su presencia- constituyen una muestra reveladora de esa pasta de heroísmo y osadía que modela nuestra estirpe.
El momento y lugar elegidos se asocian, así, para dar el contexto a este acto de particular relevancia institucional. En él se traza sobre la carta el curso de la derrota; determinamos la posición y ajustamos el rumbo. Se abre, en síntesis, una nueva etapa en el marco de una travesía permanente: la de construir, cada día, la mejor Armada posible, para contribuir -desde nuestras competencias- al desarrollo integral de la Nación.
Tal conjunción de circunstancias se torna propicia a la hora de acometer esa tarea. La proyección del futuro no puede divorciarse de la reflexión sobre el pasado. En él encontramos figuras como las de BROWN, SAN MARTÍN, MORENO, BELGRANO, BOUCHARD, suboficial CASTILLO, capitán GOMEZ ROCA, capitán GIACHINO, teniente MÁRQUEZ, y tantos otros que nos señalan, con el ejemplo de su conducta y los resultados de sus esfuerzos, los valores que deben impulsarnos, así como los logros en cuya consecución debemos empeñarnos.
El pasado también arrastra sus despojos. No existe frente a ellos beneficio de inventario. La sabiduría reside en aprender las lecciones y enderezar la proa; perseverar en el camino correcto y convertir los desaciertos en experiencias que nos abran a nuevas y mejores oportunidades.
Ese pretérito, es necesario advertir, desemboca de modo inexorable en el presente. Mientras el ayer -cerrado inevitablemente a todo cambio- induce a la meditación, el hoy -materia maleable por esencia- convoca a la acción. El presente es la antesala del futuro; de allí que el porvenir debe edificarse en esta instancia; se construye de acuerdo con la determinación con la que perseveremos ahora.
Si se dilapida el presente, se pierde entonces el futuro. Nuestra obligación es, pues, atender a la actualidad, conocer y comprender la realidad que nos circunda, y obrar en concordancia.
No elegimos la época en que transcurrimos nuestras vidas, pero sí podemos escoger cómo vivirlas. Está en cada uno abrazar la necedad o la sensatez. Nuestro tiempo, personal e institucional, no es fácil. No es fácil tampoco el tiempo del Mundo en su conjunto.
Asistimos a una crisis global de múltiples alcances y que nos embate con fuerza, más allá de la particular coyuntura nacional o institucional. Es nuestra obligación entender que, de cara a esta situación, no habremos de permanecer ajenos a sus consecuencias y que, para la superación de estas, es menester que actuemos unidos, con imaginación, talento y perseverancia.
Bajo esa premisa, al ordenar el comienzo de las actividades navales correspondientes al presente año, he de exigir a cada uno de ustedes una perfecta alineación con las pautas de conducta cuyo efectivo ejercicio se estima imprescindible, en miras al adecuado cumplimiento de la misión asignada a la Armada.
El primer valor que, en tal sentido, les reclamo es el de “compromiso”.
El compromiso al que me refiero debe entenderse en su acepción más amplia. Consiste, más que en adquirir una obligación, en asumir efectivamente una convicción. Tener la certeza de una voluntad de servicio y ponerla permanentemente en acto. Ese compromiso habrá de ser mayor, cuanto más alta sea la capacidad de conducción que se posea.
Incluye la responsabilidad, que recae sobre todos y cada uno de nosotros, de transmitir el legado de nuestros próceres a quienes siguen nuestros pasos.
Los convoco, asimismo, a generar un estado de “confianza”.
En nuestra tarea, la confianza resulta indispensable para consolidar las metas propuestas. Ella se corresponde con la dignidad que se sepa ganar y, por tanto, se obtiene con el trabajo fecundo, con el aporte leal y esforzado, así como evidenciando un apego irrestricto a paradigmas éticos y a criterios de excelencia profesional. Debe existir como contrapartida, necesariamente, una franca predisposición al otorgamiento de dicha confianza.
Es indispensable, a su vez, que cada cual, desde el lugar que ocupe, desempeñe su función con espíritu de “liderazgo”.
El verdadero líder, como lo ha enseñado el Almirante Brown, es aquel que predica con el ejemplo. Al ejercer el mando, habremos de convertirnos en modelo de los subordinados y, al obedecer, sabremos ejecutar fielmente lo dispuesto por el superior.
Liderar es obtener el libre seguimiento de los otros, por lo tanto es responsabilidad del líder transmitir a quienes le dependan el entusiasmo y el anhelo de superación, alentarlos a obrar en consonancia con los principios que animan a la Institución, así como fortalecer en ellos el espíritu de cuerpo y el sentido de pertenencia a la sociedad nacional.
Recae, entonces, sobre quienes aspiran a ejercer una acertada conducción, la carga de evidenciar coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Del mismo modo, les corresponde discernir los objetivos con claridad, dirigirse hacia ellos sin ambigüedades, así como verificar de modo constante la legitimidad, legalidad y razonabilidad de todas sus acciones.
Tienen la responsabilidad, de igual manera, de generar en quienes los asisten una firme y sincera voluntad de alcanzar el éxito de la misión, para lo cual es su obligación comunicar oportuna y adecuadamente las políticas institucionales, como también ejercer las tareas de apoyo y supervisión, velando por la seguridad de sus subordinados y por el mantenimiento de los recursos materiales, acorde con los estándares exigibles.
Hay que tener presente, por su parte, que la naturaleza de nuestra profesión nos enfrenta, en muchas ocasiones, a la tarea de adoptar decisiones en circunstancias adversas, con el convencimiento -que se debe contagiar a quienes nos dependen- de que nos conducirán al resultado esperado.
Para afrontar satisfactoriamente aquellas situaciones corresponde asumir una “actitud proactiva”. Es más, debemos ver en cada dificultad un desafío para mejorar, para crecer y para alcanzar los logros y objetivos a los que aspiramos, eludiendo el desánimo.
La tarea más difícil, el camino más sinuoso, la cuesta más empinada, en definitiva, aquello que parece imposible, se puede lograr a partir de una actitud positiva.
Con esa convicción, la actual conducción de la Armada sigue empeñada en un modelo de gestión iniciado hace poco más de cinco años. En él -como se ha señalado en anteriores oportunidades- se considera un aspecto central la formación de nuestra gente, afincada en un sólido proceso educativo.
En orden a ello se ha procedido a la integración de los programas de enseñanza -correspondientes a todos los escalones jerárquicos- orientados a la mejor administración/gerenciamiento de los recursos humanos y materiales, articulándolos convenientemente con la formación a nivel conjunto regulada por las pautas emitidas por la Subsecretaría de Formación del Ministerio de Defensa.
Paralelamente, se ha puesto énfasis en la recuperación de capacidades perdidas, para lo cual se puso en marcha una serie de obras, entre las cuales destacamos como ejemplo:
• Reparación de media vida de la Fragata A.R.A. “LIBERTAD”;
• Reparación de media vida del Submarino A.R.A. “SAN JUAN”;
• Construcción de los Patrulleros Oceánicos Multipropósito;
• Recuperación del Rompehielos A.R.A. “ALTE IRIZAR”;
• Modernización de la Lancha rápida A.R.A. “INDÓMITA”;
• Obras de alojamiento de suboficiales y del Instituto Universitario Naval;
• Terminación de las obras de la Escuela de Suboficiales de la Base Naval Puerto Belgrano;
• Finalización de los edificios correspondientes a la Escuela Nacional de Náutica y a la Escuela Nacional Fluvial;
• Modernización de los Vehículos Anfibios y de los PANHARD;
• Ejecución del Plan de Mantenimiento de Viviendas Fiscales y de diversos edificios de la Armada;
• Administración y recuperación de capacidades del Astillero Storni;
• Inicio de las tareas de reparación de los Diques Nº 1 y Nº 2.
Estos hitos -entre otros- de indudable relevancia para la Institución y el país, van precedidos, como interés substancial, por la promoción de mejores condiciones de vida para el personal naval y sus familias. A su vez, el mantenimiento de los medios se orienta a priorizar los aspectos relacionados con la seguridad del personal y, en segundo lugar, a la recuperación de las capacidades operativas.
Sentado todo ello, cabe sostener -a modo de conclusión- que si nos identificamos con los principios y valores que deben caracterizarnos, si nos esforzamos para dar el ejemplo, si nos capacitamos en las tareas asignadas, si -en síntesis- procedemos como personas de bien, lograremos fortalecer nuestra esencia de ciudadanos y marinos militares, y así responder cabalmente a las exigencias y desafíos de nuestro tiempo.
No podemos ignorar que a veces la suerte se nos tornará esquiva o que, aun pese al empeño, no lograremos alcanzar el resultado anhelado. Ellas serán las instancias cruciales en las que la evocación de nuestro Primer Almirante habrá, precisamente, de otorgarnos la fortaleza para perseverar y superar los obstáculos. Pocos como él han sabido recomenzar tantas veces como fuera necesario para vencer la adversidad.
La figura de BROWN debe renovarse como un ejemplo permanente, pues ella nos nutre de las pautas que deben guiar nuestra conducta. Él supo armonizar el coraje y la generosidad frente al enemigo, su espada adquirió el brillo de una gloria sin máculas, y se erigió en un conductor excepcional que logró cohesionar a los hombres bajo su mando, exigiendo franqueza, temple, honestidad y compromiso con la causa de la Patria.
En este nuevo aniversario de la muerte del Alte Guillermo BROWN, dando inicio a las actividades navales del presente año, los convoco para que, bajo su inspiración, redoblemos el esfuerzo para afianzar y profundizar los logros institucionales y brindemos nuestro aporte al bienestar de la sociedad y al progreso del país.
Puerto Belgrano, 03 de marzo de 2009

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